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Despierta, la revolución es el camino


En la actualidad la dominación del capitalismo es más brutal de lo que pudo ser en cualquier época. Los medios utilizados por el sistema son variados, resultando ser invisibles e imposibles de detectar para el común de las personas, ya que el dominado ni cuenta con la capacidad de saber que está siendo controlado, ni sabe quien ejerce control sobre él; por lo tanto, es incapaz de imaginar con qué fin se ejecuta esta acción.

Este yugo se aplica mediante una metodología concebida y estructurada por teóricos e intelectuales de las más prestigiosas academias del mundo y los más herméticos círculos de poder. Estos están educados para pensar a nuestras espaldas y dominar la sociedad, actuando como un titiritero tras telones, teniendo la potestad de decidir e influir sobre los patrones culturales, la afinidad religiosa y el sistema económico; traduciéndose en un control directo de millones de individuos que viven en un interminable circulo vicioso y se relacionan con otros seres individualizados con una reducida perspectiva de la vida, quienes ni tienen la potestad de decidir que quieren ser o como invertir su existencia material en otra cosa que no sea el consumo y la satisfacción de necesidades creadas.

La existencia de este gran rebaño que se mueve de forma automática diseminado en diferentes latitudes, ha sido decidida incluso antes de nacer, estratificada de forma jerárquica por un sistema desigual donde unos pocos heredan una riqueza desmedida, y otros sólo reciben al nacer su condición de esclavos, como si estas condiciones fueran transmitidas en el código genético.

Es necesario trascender al ser surgido de una cadena de producción, al cual, se le dota de accesorios que generan una mínima “sensación de felicidad”, se le impone una nueva moda cada temporada, se le induce a escuchar géneros musicales que atentan contra cualquier vestigio de inteligencia y se le persuade a consumir alimentos sintéticos mediante la publicidad engañosa que sustenta una ficción cada vez más agobiante.

La única e irrefutable forma de romper los lazos que nos atan al sistema impuesto, es hacer una revolución estructural e instaurar un modelo alternativo, el cual debe estar guiado por una profunda teoría y práctica contra hegemónica. Por lo tanto, se hace necesario crear inicialmente un gran movimiento contracultural que refute la ética, la estética y lo valores que dominan la cotidianeidad; permitiéndonos repensarnos  como personas que participan e influyen en la sociedad, logrando entonces nuevas formas de relacionarnos, evitando las mediaciones del estatus económico y el intercambio de mercancías.

Liberemos nuestra mente y el cuerpo le seguirá. Es hora de despertar, de trascender, de ver entre imágenes y leer entre líneas, de encontrar la salida del laberinto, de enfrentar al gran titiritero que es el sistema capitalista, de refutar al mundo virtual que nos aleja cada vez más de la realidad. Dejemos atrás al individuo que castiga y destruye el interés colectivo y una nueva sociedad surgirá; pero, para lograrlo es necesaria una revolución de la conciencia que no tiene otro nombre que socialismo.

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